Queridos amigos, lo único que le faltaba a nuestro entorno, que todavía no empieza a ver la recuperación de esta situación económica que venimos sufriendo, es una erupción volcánica que se sume a los problemas de la economía europea. Aunque leo en un periódico que impulsa la de Nueva Zelanda, que ha adelantado sus exportaciones para cubrir los huecos que no llegan de otros países europeos. Desde luego, nunca llueve a gusto de todos, permítanme la asociación de ideas, por lo de lluvia -de ceniza, en este caso- aunque no es un tema para tomar a la ligera y me da pie para comentarles que, el hecho de que se paralice el tráfico de personas y de mercancías, muestra claramente que vivimos en un mundo casi sin fronteras en lo que tiene que ver con la economía, aunque lo local siga siendo importantísimo, una fuente de riqueza, por eso conviven en nuestro mercado que es espejo y ejemplo de tantas cosas, empresas multinacionales con pymes, algunas que solo operan regionalmente. Y, como me gustan los refranes y las citas, se me ocurre recordar, para ilustrar este pequeño homenaje que mi editorial pretende hacer en cada edición a nuestro sector, la frase de Henry David Thoreau, un escritor americano y también filósofo anarquista, pacifista y además, fabricante lápices, “el hombre más rico es aquel cuyos placeres son más baratos”. Yo siento esta frase como si estuviera dirigida a nuestro mercado, que proporciona tantos y tantos placeres y tantas y tantas alegrías a niños y a grandes. El trabajo que se realiza desde los departamentos de investigación, desarrollo e innovación a los que añadimos por mérito propio la M de marketing (I+D+i+M), es clave para proveer al sector de productos atractivos, sabrosos, saludables, buenos y, por supuesto, baratos porque, de media, nuestros productos son asequibles a la mayoría de los bolsillos. Por ello, la crisis -y me refiero a los grandes datos- no ha hecho tanta mella como en otros sectores. ¡Afortunadamente!
Pero, tan importante como la tarea del fabricante, está la de toda la cadena comercial que le sigue: la distribución y la venta al detalle, realizadas de una forma eficaz y profesional, cierran un círculo clave para el éxito del sector. Este sector está cimentado con ejemplos de superación y de trabajo intenso y constante. Mucho se habla de que las crisis traen siempre oportunidades, que los peores momentos, como éste reciente del volcán, traen algo positivo (¡en Nueva Zelanda!). Yo creo que las mejores oportunidades vienen del aprendizaje del trabajo diario que vemos en empresas como las que están haciendo posible que esta revista llegue a sus manos, por generar productos de los que nosotros hacernos eco, por distribuirlos en tantos lugares algunos tan distantes unos de otros y ponerlos a disposición del consumidor, que al final es el que con su compra culmina un proceso que empezó humildemente en una materia prima como el azúcar o el maíz. Siempre que llueve, escampa. No lo olviden.